Argentino y muy hablador, así se definió Walter Astrada al empezar su
conferencia, la última del ciclo que los informadores gráficos de la
Región de Murcia habían organizado. Este fotógrafo ganador de 3 premios
World Press Photo (2007,2009 y 2010) realizó una charla algo diferente a
lo que teníamos pensado, se baso en que los asistentes les hiciéramos
preguntas sobre su trabajo y el posteriormente contestarlas, algo que se
agradeció ya que no todos los días se está con un ganador del World
Press. Antes de iniciar la rueda de preguntas nos expuso dos de sus
trabajos fotográficos, uno de ellos no terminado que es el de la
violencia de género, al que se trasladaría a Noruega para finalizarlo,
el otro trabajo versaba sobre la guerra en distintos países.
La
respuesta a la pregunta de si sentía miedo a la hora de realizar
algunas fotografías era que si, pero más que miedo sentía impotencia en
algunas situaciones límite, pero que siempre recordaba que su labor era
esa, la de enseñar al resto del mundo lo que sucedía en aquellos
lugares. Lo que
llamó la atención en una de sus respuestas era que, en el caso de que
alguien estuviera a punto de ser asesinado por otra persona, lo que
debía hacer era bajar la cámara, ya que si no se incitaba matar a
aquella persona.

Otro punto destacado fue cuando se le
pregunto sobre los comentarios al respecto de sus fotografías, ya que
son muy acusadas de sensacionalismo o motivar el morbo a las personas
que las ven, Walter respondió que su trabajo, como se dijo antes, era
retratar la realidad tal y como era, y que verdaderamente tristeza pena
por aquellas personas que solo podían califican sus fotografías como
morbosas.
Un tema a tratar era sobre la financiación de
sus trabajos ya que implicaban mucha movilidad geográfica y unas largas
estancias en el lugar de los hechos. Comentó que tenía que ser él quien
asumía la totalidad de los gastos y que se ayudaba gracias a becas y
premios fotográficos. A la hora de partir hacia un conflicto armado o
social lo primero que hacía era contactar con personas que habían estado
en aquel lugar tratando temas similares o iguales, hacía un esquema
sobre qué, quién, cuándo y cómo fotografiar. Señalaba la importancia de
no ir 'a pelo' y conocer bien el lugar y la situación en la que se iba a
encontrar, ya que entraba en juego la vida del fotógrafo.
Walter
Astrada es un gran profesional y una gran persona, lo demuestra en sus
trabajos jugandose la vida para acercarnos la realidad que pasa en
lugares desde donde la información no llega. A sus 35 años de edad, y
según sus palabras, tiene muchas probabilidades de que no llegue a
cumplir los 60.
Borja Inclán Alcaraz